El amor en tiempos del coronavirus

Madre abraza a su hijo

Estamos viviendo tiempos bastante salidos de la realidad. Un virus fuera de control amenaza con contagiar y hacer daño a quien se le atraviese a su paso, hasta el punto de ya convertirse en pandemia. Las recomendaciones como lavarse las manos constantemente, taparnos al toser o estornudar, aislarnos preventiva u obligatoriamente, evitar aglomeraciones, y mantener cierta distancia entre las personas, parecen ser las únicas formas de salvaguardar nuestra vida y la de nuestra familia. Cualquier recomendación que sume parece válida (para algunos). Ahora ¿qué pasa con El amor en tiempos del coronavirus?

Transformando todo a su paso

El COVID-19 (coronavirus) Un virus que cambió por completo la rutina del mundo entero, que sin hacer campaña hizo cambiar leyes y crear rápidamente decretos en todos los países del mundo, un virus que sin robarse un solo centavo a desestabilizado la economía del mundo entero.

El coronavirus ha logrado hacer lo que pensamos que nunca sería posible, detener el tiempo y el mundo entero. Ha unido familias obligando a madres y padres a trabajar desde casa, al lado de sus hijos.

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El amor en tiempos del coronavirus, familia reunida en casa,
Foto de Jonathan Borba en Unsplash

Ya viajar no produce alegría, estar en casa no es sinónimo de descanso, si alguien estornuda a nuestro lado ya no recibirá el famoso «salud» de nuestra parte, sino miradas cargadas de terror y hasta de desprecio.

El lavado de manos, algo tan común, se convirtió en indispensable de por lo menos cada 3 horas. Tomar el transporte público en cualquier parte del mundo produce ansiedad, las calles y parques vacíos y la gente llena de miedo.

El fútbol, el tenis, el ciclismo, los conciertos ya no son tan importantes. Nos dimos cuenta que el trabajo, el dinero, y los sueños sin salud no valen nada. Ahora le damos valor a lo que nos parecía hace tan solo unos meses atrás algo sin importancia.

El amor en tiempos del coronavirus

Un virus que ha sacado lo mejor del ser humano cuando vemos o escuchamos que muchos ayudan a quienes no tienen las mismas posibilidades, o que se dan conciertos desde balcones para relajar un poco el ambiente tan tenso que se ha creado.

Pero que tristemente también ha sacado lo peor de la humanidad y mostrando lo egoístas que podemos llegar a ser cuando compramos sin medida acaparando todo aquello que es indispensable en estos momentos para el hogar y la protección de todas las familias, como comida, antibacterial, alcohol, tapabocas y otros no tanto como el papel higiénico 🤦🏽‍♀️.

No dejamos más posibilidades a quienes no pudieron comprar desde antes, ya sea por no tener los medios, o simplemente por falta de tiempo.

El coronavirus convirtió los besos y abrazos en armas potencialmente peligrosas, algo que teníamos por común ahora nos hace falta hacerlo.
Abrazar a quienes amamos puede ser mortal.

Nos tranquilizó la noticia de que en los niños no es una enfermedad mortal, y que los más vulnerables son los ancianos, olvidándonos que tenemos padres y abuelos.

Cambiaron los papeles irónicamente pues ya no se escuchan gritos de protesta por el «derecho que deberíamos tener» de dejar vivir o no a otro, ahora rogamos por que esta enfermedad nos permita seguir viviendo.
Ahora es cuando tristemente reflexionamos por haber sacado a Dios de nuestro corazón.

Ahora nos damos cuenta que no podemos decidir por nuestra propia vida. El virus es quien toma la decisión. Somos tan frágiles ¿verdad?Ahora caemos en cuenta de lo necesario que es el cuidarnos para cuidar al otro, pedimos que el otro se cuide para cuidarnos a nosotros.

 …Ama a tu prójimo como a ti mismo

Mateo 22:39

Ahora dependemos de todos, ya no somos mundos aparte, ahora nos damos cuenta de cuánto necesitamos estar en un mismo sentir, unidos para derrotar a este terrible mal.

Martín Lutero en los tiempos de la peste negra.

“Le pediré a Dios misericordiosamente que nos proteja. Luego fumigaré, ayudaré a purificar el aire, administraré la medicina y la tomaré. Evitaré lugares y personas donde mi presencia no sea necesaria para no contaminarme y, por lo tanto, infligir y contaminar a otros y así causar su muerte como resultado de mi negligencia. Si Dios quisiera llevarme, seguramente me encontrará y he hecho lo que esperaba de mí, por lo que no soy responsable ni de mi propia muerte ni de la muerte de los demás. Sin embargo, si mi vecino me necesita, no evitaré el lugar o la persona, iré libremente como se indicó anteriormente. Mira, esta es una fe tan temerosa de Dios porque no es descarada ni imprudente y no tienta a Dios ”.

Las obras de Lutero; Vol. 43, pág. 132

Las cifras de contagio van en aumento

El coronavirus deja hasta hoy 20 de marzo de 2020, 248.000 casos de contagio en 171 países del mundo más de 81.200 casos en China, donde han muerto 3.252 personas, 3.405 en Italia y más de 10.000 en el mundo y la de los recuperados 86.000. 

Y aunque se escuchan noticias esperanzadoras, también vemos como científicos, médicos y gobiernos se unen en una lucha contra el tiempo para frenarlo lo más pronto posible.

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La parte buena del coronavirus

A medida que pasa el tiempo el coronavirus nos ha vuelto más conscientes en cuanto a la responsabilidad social, bajó el ego de las potencias mundiales que se creían intocables e indestructibles y dejó ver que son tan vulnerables como cualquier país del tercer mundo.

Ha fortalecido los lazos familiares, pensamos (algunos) en el bienestar del otro. Ha bajado increíblemente los índices de contaminación de varios países, donde han vuelto a ver su cielo azul y sus aguas mucho más claras después de muchos años. Ahora la tierra descansa.

El amor en tiempos del coronavirus, playa sola, la tierra descansa,
Photo by Nick Fewings on Unsplash

Todos, todos en el mundo nos convertimos indudablemente en super héroes, sin capas ni antifaces, sin nombre raros. Sin armas, sin superpoderes, sin salir a la guerra. Nos volvimos héroes con el simple hecho de quedarnos en casa y protegernos, para salvar al mundo. Qué mal por quienes no lo han logrado entender y aún así siguen su vida sin creer lo que pasa.

El prudente ve el peligro y lo evita;
el necio sigue adelante y sufre las consecuencias

Proverbios 27:12

El coronavirus se va a ir, esperemos que muy pronto. Pero roguemos por que deje en nosotros hermandad y una buena ración de humildad y humanidad.

Quiero dar las gracias a los médicos y enfermeras que no han podido regresar a casa por que están salvando miles de vidas.
A los científicos que están quebrándose el lomo tratando de encontrar la cura.
Y quiero agradecer inmensamente a los que se han quedado en casa salvando la vida de mis hijas y mi familia. Yo estoy haciendo lo mismo por ustedes.

#YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa

Para terminar quiero invitarlos a ver este video de reflexión, por favor cuídense mucho y cuidémonos entre todos. Recuerden que…

Unidos somos más fuertes.

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

2 Crónicas 7:14 

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Hasta la próxima… Si Dios así lo permite

2 comentarios en “El amor en tiempos del coronavirus”

  1. Mónica qué lindo post, tienes toda la razón, más estando lejos y extrañando mi familia, deseando que estén bien, ojalá que este virus nos deje buenas enseñanzas como dices, porque el planeta no nos pertenece, nosotros pertenecemos al planeta.

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